Uno de los aspectos más emblemáticos en el entrenamiento quirúrgico es la puntualidad, y la efectividad (realizar las cosas rápido y bien). Se vuelve un aspecto vital de la vida. El tiempo a veces significa “vida” o “muerte”. Recuerdo que en durante el internado “jugábamos” a disminuir el tiempo que nos llevaba preparar un paciente herido por arma de fuego…ahí comencé creo mi afición por el “runing”, ya que había que literalmente correr para tener el paciente listo con 2 unidades de sangre en el quirófano. Era un largo trayecto que cruzaba el hospital por pasillos de unos 200 mts en el antiguo “Hospital Escuela”. Vienen a mi memoria graciosas imágenes de nuestro residente “Pancho” corriendo detrás nuestro porque el paciente estaba listo y él apenas terminaba de escribir en el expediente: “deténganse irrespetuosos, el que manda aquí soy yo” repetía. Mi grupo de internos era lo que puedo describir “precioso”… en su mayoría compuesto por locos obsesivos compulsivos que hacíamos alarde de nuestras obsesiones con el “tiempo”.
En la Residencia de Cirugía adquirió aún más sentido, recuerdo llegar a las 3:30 AM a despertar a los pacientes para examinarlos (muchos se quejaron por eso y con razón) porque a las 6:30 tenía listo todo en la mesa de quirófano. Dormir 3-4 horas se convirtió en una rutina diaria, y no dormir cada 3 días una religión. Revisar todo “a tiempo”, operar el paciente “a tiempo”; reforzaron aún más mi compulsión. Cuando empecé a trabajar, hace un poco más de 15 años, llegaba a las 6:00 am casi rutinariamente (Mi hora de entrada era a las 7:00 am) y debido a múltiples factores salía tarde siempre.
Ese valor adquirido con los años se fue tornando en un pequeño monstruo, obsesionado con la “efectividad” desafiando y “venciendo el sistema” para lograr que todos caminaran a la misma velocidad y al paso que marcaba el ritmo de “mi propio tiempo”. No desayunar por “falta de tiempo” se convierte en una rutina asidua de todos los trabajadores de la salud y de muchos otros que vivimos con esa forma de esclavismo moderno. El carácter del “ogro” y de intolerante con los que llegan tarde es uno de los más peligrosos estereotipos de la “puntualidad”.
El tiempo lo llegamos a valorar como el “oro”, metal precioso cuyo peso monetario todavía se convierte en un ente regulador de la banca.
Pasados años de esclavitud y de sufrimiento, víctima de una gastritis erosiva importante, hipertenso a los 36; muchas veces reconocido como el “cirujano” al que la gente adula más por miedo que por respeto… me doy cuenta de algo que me dejó perplejo: EL TIEMPO NO EXISTE como lo concibo.
La verdad que, como unidad es una medida inventada por el hombre, que al descubrir de la ciencia y de muchas teorías, sabemos que es muy probable que no sea lineal, que hay cierta relatividad desde el punto de vista de quien lo observa: así una cirugía de 8 hrs que “salva” vidas se convierte en una carencia destructiva ante mis hijos y esposa. Que la eficiencia se puede volver nociva cuando se usa como imposición sin conciencia de equipo, sin la aceptación como un “valor” no como medida de represión y castigo. Que el tiempo como tal se puede “invertir” teóricamente en adquirir nombre, dinero o prestigio; pero que al final se puede desperdiciar en dejar “sin tiempo” lo más preciado que el ser humano puede poseer: el tiempo de la FAMILIA y los AMIGOS. La esclavitud del tiempo nos convierte en máquinas deshumanizadas, víctimas del sicario estrés por estar en el momento justo a la hora adecuada, víctimas de la velocidad al conducir que amenaza vidas, víctima de adrenalina, hipertensión, etc.
El tiempo mal concebido nos aleja de la actividad física saludable, del voluntariado, de la lectura recreativa y enriquecedora, de los viajes que te instruyen (con una mochila y espíritu aventurero se llega lejos) de la vida espiritual (uno de los rubros más abandonados en “nuestro tiempo”)… en esencia el “tiempo” nos aleja de nosotros mismos.
Ha sido difícil entender que el pasado no existe, que no podré seguir lamentando que “en mi época” llegábamos al hospital a las 3 am, que los fantasmas y demonios que me atormentaron solo existen en mi memoria lejana y que depende de mí dejarlos incursionar. Que el futuro sigue siendo tan incierto y que es imposible planificarlo todo, que no tengo el control, que el azar es una fuerza real y poderosa y que existe una voluntad superior y suprema en quien confiar.
Descubrir lo dañino de vivir desenfocados en el pasado o el futuro, y darle valor al PRESENTE, parece ser uno de los desafíos más poderosos a los que me enfrento, es una lucha constante para encontrar el equilibrio que me permita realmente decir El tiempo es oro, para disfrutar lo que tenemos el PRESENTE y compartirlo con lo más importante: nuestros seres amados…confiando que el único dueño de lo que sucede es El.
